Cuatro días después de que llamáramos barato al yen, tocó los 153: una subida del BoJ descontada al 99 %, el «I am the house» de Bessent y cómo recalcular un plan para Japón construido a 160
Puntos clave
- 1El yen tocó los 153,3 por dólar el 8 de septiembre — su nivel más fuerte desde mediados de febrero y cerca de un 7 % por encima del mínimo de cuatro décadas de julio, en torno a 164 — antes de volver a rondar los 154 el 11 de septiembre.
- 2Se movieron los motores de la tendencia, no solo el nivel: los futuros descuentan en torno a un 99 % una subida del BoJ del 1,0 % al 1,25 % el 18 de septiembre, una encuesta de Reuters prevé el 1,75 % a mediados de 2027, los salarios reales subieron un 2,4 % en julio (séptimo avance seguido) y los precios de producción un 7,6 %.
- 3El «I am the house now» del secretario del Tesoro Scott Bessent da al extremo barato del rango del yen un defensor con nombre y coordinado. Planifique sobre esa asimetría, no sobre un pronóstico puntual.
- 4Un presupuesto de primer año de 60 millones de yenes cuesta 375.000 dólares a 160, unos 392.000 a 153 y unos 414.000 a 145. Pero si factura a clientes japoneses en dólares o euros, el mismo movimiento es una rebaja de precio que usted no tuvo que conceder.
- 5La petición presupuestaria récord del METI para el ejercicio 2027, 7,79 billones de yenes, destina 1,4 billones a IA, semiconductores y robótica y 900.000 millones al apoyo a la inversión de las pymes. Los compradores japoneses cierran sus presupuestos de abril entre octubre y enero: esa es la ventana que importa ahora.
Cuatro sesiones después de llamarlo barato
El artículo del viernes pasado sobre los incentivos de Yokohama para empresas extranjeras se apoyaba en una cifra: un yen cerca de 157 por dólar, que abarataba históricamente los costes de establecimiento denominados en yenes para cualquiera que se financie en dólares o euros. Mantenemos lo dicho sobre los incentivos. La cifra envejeció más rápido de lo que esperábamos. La mañana del 8 de septiembre, el yen llegó a 153,3, su nivel más fuerte desde mediados de febrero. En julio había tocado unos 164, un mínimo de cuatro décadas, y provocó la primera intervención conjunta de compra de yenes del Ministerio de Finanzas japonés y el Tesoro estadounidense desde 1998, una operación que los datos del Banco de Japón sitúan cerca de 36.600 millones de dólares. A comienzos de agosto el yen había vuelto a pasar de 158, y nuestro argumento entonces era que una intervención compra un nivel, no una tendencia.
Lo que cambió en septiembre es que se movieron los motores de la tendencia, no solo el nivel. El 2 de septiembre, el gobernador Kazuo Ueda dijo que, con una inflación subyacente próxima al 2 %, el Banco de Japón debe prestar más atención que antes a los riesgos al alza, y que una subida de tipos está sobre la mesa en cada reunión, incluida la de este mes. Los futuros de tipos descuentan ahora en torno a un 99 % un paso del 1,0 % al 1,25 % en la reunión del 17 y 18 de septiembre. Una encuesta de Reuters sitúa el tipo oficial en el 1,75 % en el segundo trimestre de 2027, y fuentes citadas por Reuters afirman que el consejo sopesa un ritmo más rápido que las cerca de dos subidas al año que ha mantenido desde que salió de los tipos negativos.
Los datos que respaldan ese giro llegaron de golpe. Los salarios reales subieron un 2,4 % en julio, séptimo avance mensual consecutivo y el mayor desde mayo de 2021. Las retribuciones nominales crecieron un 4,7 %, lo más rápido desde enero de 1997, y el salario base un 4,1 %, lo más rápido desde abril de 1992. El PIB del segundo trimestre se revisó al alza hasta un 1,4 % anualizado. Los precios de producción subieron un 7,6 % en agosto, por encima del 7,4 % previsto, y los precios de importación en yenes un 24,8 % interanual. Esa última cifra es la factura del propio yen débil, y es la factura que el BoJ ha decidido dejar de pagar.
Y entonces llegó la frase de la semana. En una intervención en la Southern Methodist University, en Texas, el 8 de septiembre, el secretario del Tesoro Scott Bessent dijo «I am the house now» —«ahora la banca soy yo»— y explicó que, cuando Estados Unidos interviene en el yen, tiene bastante idea de lo que harán el Banco de Japón y las autoridades japonesas. Un secretario del Tesoro estadounidense no suele hablar así de la moneda de otro país. Leído sin rodeos, significa que el extremo barato del rango del yen tiene ahora un defensor con nombre y coordinado —Bessent, junto a la ministra de Finanzas Satsuki Katayama— y que quien apueste por volver a 164 apuesta contra ambos gobiernos.
Un suelo no es un pronóstico
Conviene ser preciso sobre lo que esto significa y lo que no. El 11 de septiembre el yen había vuelto a rondar los 154, después de que unos precios de producción estadounidenses más firmes de lo previsto impulsaran al dólar. Un mes de yen fuerte no es un cambio de régimen. La trayectoria de la Reserva Federal, el petróleo y el riesgo en Oriente Medio seguirán moviendo el tipo de cambio, y nadie —nosotros incluidos— sabe dónde estará en marzo. Quien le asegure que el yen va a 140 le está vendiendo algo.
Lo que ha cambiado es la forma del riesgo. En julio, las sorpresas para una empresa financiada en dólares o euros que planificaba sus costes en Japón corrían sobre todo a su favor: cada caída del yen abarataba la oficina, las contrataciones y los abogados. Hoy tres fuerzas empujan a la vez en la misma dirección: un banco central que endurece por etapas, unos salarios que por primera vez en años superan a la inflación y un Tesoro estadounidense que se niega abiertamente a dejar que el yen vuelva a 164. El extremo barato del rango está defendido. El caro, no. Esa asimetría, y no un pronóstico puntual, es lo que un plan sensato debe incorporar.
Los mercados ya han empezado a descontarlo. El Nikkei 225 cerró cerca de los 64.500 puntos el 10 de septiembre, con una caída de alrededor del 4,4 % en el mes, porque un yen más firme aprieta a los exportadores que sostienen el índice. Para una empresa extranjera el ajuste equivalente es menos visible, pero igual de real: cada presupuesto, lista de precios y plan de negocio construido en silencio sobre un yen a 158-160 descansa ahora en un supuesto contra el que trabajan dos gobiernos.
Recalcular el plan: las dos caras del mismo tipo de cambio
Empiece por los costes, porque es donde fallan la mayoría de los planes de entrada. Tome un presupuesto de primer año en Japón de 60 millones de yenes: un domicilio registrado, tres contrataciones locales, un escribano judicial, traducciones juradas y una campaña de lanzamiento modesta. A 160 yenes por dólar, son 375.000 dólares. A 153, unos 392.000, un 4,6 % más. A 145, unos 414.000, cerca de un 10 % más. Nada de eso justifica cancelar una entrada en Japón. Todo eso basta para romper un presupuesto aprobado al límite.
Y no sube solo el contravalor en dólares, sino la propia cifra en yenes. Con el salario base creciendo un 4,1 % anual, las tres contrataciones de ese presupuesto costarán más de lo que sugiere una encuesta salarial de 2025. La línea de crédito en yenes de una filial japonesa se encarece con cada paso del BoJ: sigue siendo barata frente a endeudarse en dólares o euros, pero ya no es gratis, y un plan que asumía un coste de financiación local casi nulo debe rehacerse.
Ahora la cara que recibe mucha menos atención. Si vende en Japón y factura en dólares o euros, un yen más fuerte es una rebaja de precio que usted no tuvo que conceder. Un contrato anual de 100.000 dólares le cuesta a un comprador japonés 16,0 millones de yenes a 160 y 15,3 millones a 153: 700.000 yenes menos, sin que usted toque su precio. Tras un año en que los precios de importación en yenes subieron a doble dígito, los departamentos de compras japoneses han pasado meses resistiendo cada subida de precio extranjera. La divisa acaba de darles un respiro, y a usted le da margen: para mantener el precio en la renovación, ganar una operación que se atascó por coste o, por fin, pasar a un cliente del piloto al contrato.
De ahí salen cuatro medidas prácticas. Primero, rehaga el presupuesto de Japón a tres tipos —145, 153 y 160— y consiga la aprobación con el peor, para que un trimestre de yen fuerte no se convierta en una reunión de crisis. Segundo, para los costes en yenes ya comprometidos en los próximos doce meses —fianzas, alquileres, salarios del primer año— consulte a su banco sobre coberturas a plazo o prefinanciación: es práctica de tesorería corriente, no una apuesta cambiaria, y la respuesta correcta depende de su situación. Tercero, si vende en Japón, revise en qué divisa está cada contrato antes de la temporada de renovaciones, no después. Cuarto, actualice sus hipótesis salariales con los datos de 2026, no con su última ronda de contratación.
Dónde pondrá Tokio 7,8 billones de yenes — y cuándo deciden los compradores japoneses
La misma quincena trajo la otra mitad del cuadro. A finales de agosto, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) presentó una petición presupuestaria récord de 7,7859 billones de yenes para el ejercicio 2027. Unos 4,5 billones se encuadran en un nuevo marco de inversión para el crecimiento que, algo inusual, no tiene techo de gasto. Su partida principal ronda los 1,4 billones para IA, semiconductores y robótica; le siguen unos 900.000 millones de apoyo a la inversión de las pymes, 680.000 millones para minerales críticos y 220.000 millones para el suministro de nafta. Rapidus, el proyecto de chips de 2 nanómetros, recibirá otros 150.000 millones en capital a través de la Information-technology Promotion Agency, con lo que la participación del Estado llegará a 400.000 millones, y se espera que el apoyo público total, subvenciones incluidas, alcance unos 3 billones hasta el ejercicio 2027.
Una petición no es un presupuesto. Las cifras finales se fijarán en las negociaciones de fin de año con el Ministerio de Finanzas y las aprobará la Dieta antes de que empiece el ejercicio, el 1 de abril de 2027, y algunas partidas encogerán. Pero la dirección no ofrece dudas, y es interesante: el Gobierno empuja a las empresas a invertir justo el año en que el dinero se encarece. Tipos al alza por un lado, inversión subvencionada por el otro.
Para la mayoría de las empresas extranjeras que venden en Japón, los 900.000 millones importan más que la partida estrella de los chips. Los fabricantes, empresas logísticas y de servicios japoneses de tamaño medio —los que sufren la escasez de mano de obra más aguda y la subida salarial descrita arriba— tendrán presupuestos parcialmente subvencionados para equipos, digitalización y sistemas que ahorran mano de obra. Eso es exactamente lo que venden los proveedores extranjeros de IA, automatización y software. Los 1,4 billones, por su parte, atraen a proveedores en torno a las fábricas de chips, los centros de datos de IA y las líneas robotizadas, donde los fabricantes europeos y estadounidenses de componentes y utillaje ya tienen presencia.
Queda el calendario, que es donde pierden la mayoría de los proveedores extranjeros. Las empresas japonesas elaboran entre octubre y enero sus presupuestos que arrancan en abril. Un proveedor que no esté en el plan del comprador en enero suele esperar al ejercicio siguiente, o a un presupuesto suplementario. Así que la ventana que importa este otoño no es la cambiaria. Es la presupuestaria, y se abre ahora.
La lectura de Medusa Japan: deje de tratar el yen como un descuento
Durante dos años, el yen débil permitió a las empresas extranjeras ver Japón como un mercado de rebajas. Nosotros mismos usamos ese enfoque, sin ir más lejos la semana pasada. Hoy es un lastre. Un plan para Japón que solo funciona a 160 es un plan que no funciona, porque 160 es justamente el nivel que dos gobiernos han dicho, cada uno a su manera, que no van a tolerar.
La buena noticia es que el atractivo estructural de Japón nunca dependió de la divisa. Unos salarios reales que suben siete meses seguidos significan consumidores y empleados japoneses con más para gastar. Una escasez de mano de obra tan profunda que empuja el salario base al ritmo más rápido en tres décadas significa una demanda sostenida de automatización e IA. Un Gobierno dispuesto a quitar el techo a la inversión para el crecimiento significa compradores subvencionados. Y un stock récord de 53,3 billones de yenes de inversión extranjera directa, con una meta oficial de 120 billones para 2030, significa que Tokio sigue queriendo que usted entre. Todo eso resiste un yen a 145.
Lo que les decimos a nuestros clientes este mes es sencillo. Presupueste el plan en el extremo fuerte del rango del yen. Venda dentro del ciclo de subvenciones, no alrededor de él. Y localice ya, porque el comprador japonés que redacta en noviembre el presupuesto del año próximo leerá su propuesta en japonés o no la leerá. Ese es el trabajo que Medusa Japan hace desde Osaka —salida al mercado bilingüe, localización y productos de IA pensados para compradores japoneses— y este otoño el calendario importa más que el tipo de cambio.
Preguntas frecuentes
¿Va a seguir fortaleciéndose el yen?
¿Deberíamos aplazar nuestra entrada en Japón hasta después de la decisión del BoJ del 18 de septiembre?
¿Qué significa una subida del BoJ al 1,25 % para la filial japonesa de una empresa extranjera?
¿Puede una empresa extranjera beneficiarse del presupuesto 2027 del METI?
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Medusa Japan
Medusa Japan es una agencia creativa y estudio de productos de IA con sede en Osaka, especializada en estrategia empresarial transfronteriza entre Japón y los mercados globales.
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